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Este distintivo de los Apóstoles de Jesús y María tiene un significado muy sugestivo, nos invita a orar con fe y confianza.

En la parte superior está la Hostia consagrada con el rostro sangrante de Jesús. De la Hostia salen siete rayos de luz:  estas son las gracias que se derraman sobre quienes oran, alaban y honran a Jesús Sacramentado y sobre aquellos por quienes oramos.

El rostro sangrante de nuestro Señor Jesucristo, nos recuerda que la pasión de Jesús es actual. El continúa derramando su Sangre Preciosa para purificar y salvar a quienes le buscan con sincero corazón, pero también nos dice que Él sigue sufriendo los dolores de la Pasión por los pecados del mundo.

El Cáliz que  se desborda nos recuerda que los pecados del mundo han colmado la paciencia del Padre Celestial y la ira de Dios está pronta a derramarse sobre la humanidad. Sólo con la oración fervorosa y constante la podremos contener o aminorar su rigor.

La lanza con la gota de sangre más grande  hace referencia a lo que Jesús ha dicho es su mayor dolor, la fuente de mayor sufrimiento para Él:  Los pecados de su Iglesia;  los pecados de sus sacerdotes; la incredulidad de sus ministros; la traición  y el desdén de aquellos que ni siquiera creen en su presencia real en la Eucaristía; las divisiones dentro de su Iglesia.

Él nos invita a orar con su Madre María, al igual que lo hizo la Iglesia naciente, para reparar por las ofensas cometidas contra Él y para rehabilitar a su Santa Iglesia. “Si hoy escucháis su voz, no endurezcáis el corazón”